miércoles, 16 de octubre de 2013

Ramas en la ventana


Finalmente, estoy en casa. Después de trabajar hasta tarde, tuve que terminar el proyecto, mi jefe presionaba bastante con el. 

Valía la pena me esperaba un gran día. Lo que me tenía más emocionado era ver a mi hijo. Al fin había ganado la batalla por la custodia contra mi ex esposa y ahora por fin podría verlo. Arreglé mi habitación para invitados, poniéndole lindas sabanas blancas. Pensé que después tendríamos tiempo y mi hijo podría cambiarle lo que quisiera. Subí pesadamente por las escaleras y cuando él oyó que estaba ahí, me llamó rápidamente a su habitación.

— ¡Papi no puedo dormir, hay un monstruo en la ventana!

Mounstros, mmm, que original.

—No te preocupes, son sólo las ramas de los árboles balanceadas por el viento ¿ves?

Le apunté a la rama que estaba golpeando contra la ventana. Confió en mí lo suficiente como para calmarse y le di un beso de buenas noches. Al fin, tiempo para dormir, apenas si podía mantener los ojos abiertos. Caminé por del pasillo y me tire sobre la cama. Tenía suficiente en mi cabeza como para andar lidiando con monstruos. Tenía que ir con el mañana a la escuela para inscribirlo, debía comprarle el uniforme, no podía pensar correctamente. En ese momento lo escuché llamándome de nuevo. Vamos, amo a ese chico y todo, pero ¡necesito dormir!

— ¡Papi, el monstruo otra vez! —grito.

Miré hacia la ventana: nada, más que las ramas del árbol. Caminé hasta allí y se lo mostré, abrí la ventana y me di vuelta hacia él.

— ¿Ves? Nada más que el árbol, te lo dije, ahora vete a dormir mañana debes ir a la escuela.

Todavía estaba un poco asustado por lo que podía ver, pero que podía hacer, estaba demasiado cansado. Otra vez, caí en la comodidad de mi cama. Entonces escuché su llanto, y tuve suficiente.

—Está bien, dormiré en tu cama contigo, si ves algún monstruo, sólo agárrame fuerte.

Caminé hacia su cuarto, retiré la sábana roja y me arrojé al lado del chico.

Mientras estaba acostado, con los ojos cerrados, mi mente empezó a recordar. ¿No le puse sábanas blancas a esta cama? Voltee solo para mirar el cuello degollado de mi hijo y me di cuenta de mi error. Ahí es cuando vi al monstruo, excepto que no estaba golpeando la ventana; eran sus pasos entrando por la ventana abierta. No pude evitar reír, ¿Cómo no me di cuenta? Yo no tengo árboles en mi jardín.

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